Hombre de Estado, ensayista y brillante latinista, Joseph Addison es considerado el precursor del humorismo británico moderno. De ahí su aprecio por la facultad de reír como un distintivo propio del ser humano, es decir, que, para él, “el hombre se distingue de todas las demás criaturas por la facultad de reír”.
Sus ensayos, llenos de agudeza intelectual, colorismo y fina ironía, retratan de modo magistral no sólo la época de su país sino también su experiencia a partir de la cual inmortalizó la siguiente enseñanza: “La lectura es a la mente lo que el ejercicio físico al cuerpo”. Esta apreciación no refleja sino el valor del esfuerzo y el trabajo de orden intelectual. Por eso, según Addison, “nada que se consiga sin pena y sin trabajo es verdaderamente valioso”. Es decir, las personas sólo llegan a valorar aquello que realmente les ha costado.
La preocupación moralizante de Addison se mantuvo hasta los instantes finales de su vida. Postrado ya en el lecho de muerte, hizo llamar a su yerno, lord Warwick, cuya conducta dejaba bastante que desear. Warwick se apresuró a acudir y aguardó a la cabecera del enfermo. Pero como éste, debilitadísimo ya, apenas si podía hablar, Warwick, impaciente, le preguntó:
— ¿Me llamaba usted, señor? Aquí estoy, para lo que guste mandar.
Entonces Addison, con indecible esfuerzo, le tomó una mano y articuló dificultosamente:
— Sólo quiero mostraros con cuánta paz puede morir un cristiano.
Y, sin más, expiró.

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